El cerebro necesita un suministro constante de oxígeno y nutrientes para funcionar, cuando se genera una hipoxia cerebral no llega suficiente oxígeno al cerebro produciendo asi un ataque cerebral.
Hay cuatro categorías distintas de la hipoxia cerebral, en orden de gravedad son:
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Hipoxia cerebral difusa.
- La isquemia cerebral focal.
- Infarto cerebral (ambos como tipos de stroke).
- Isquemia cerebral global.
Las células del cerebro son extremadamente sensibles a la falta de oxígeno. Algunas de éstas comienzan a morir en menos de cinco minutos después de interrumpirse el suministro de oxígeno. Como resultado, la hipoxia cerebral puede causar la muerte o daño cerebral grave de manera rápida.
En los casos severos de hipoxia cerebral severa se puede presentar:
Estado de inconsciencia y falta de reacción total (coma)
Ausencia de la respiración
Ausencia de respuesta de la pupila del ojo a la luz
Además para poder confirmar el diagnóstico es necesarios algunos exámenes auxiliares como: Tomografía cerebral, Resonancia Magnética Nuclear, Electro encefalograma, Potenciales evocados, Ecocardiografía, EKG, etc.
Cuanto antes se restablezca el suministro de oxígeno al cerebro, más bajo será el riesgo de daño cerebral severo y de muerte.
El tratamiento depende de la causa de la hipoxia pero es preciso utilizar los sistemas básicos para el mantenimiento de la vida: ventilación mecánica para cubrir las vías respiratorias; líquidos, derivados sanguíneos y lo más importante es la reanimación cardiopulmonar básica. Medicamentos, como fenitoína, fenobarbital, ácido valproico o anestésicos generales, ayudan a calmar las convulsiones que se puedan presentar.
La capacidad de regenerar tejido de las células progenitoras de la médula ósea ha sido publicado en diversos trabajos científicos. En ellos se puede observar que las células al llegar a un tejido nuevo pueden estimular la activación de células progenitoras de dicho tejido mediante la liberación de citoquinas (sustancias químicas que se liberan por parte de las células madre) y luego poseen la capacidad de transformarse en el tejido que las recibe o el nicho. En el tejido cerebral ayudarán también a mejorar la circulación sanguínea, ya que estas estimulan a la formación de nuevos sanguíneos.
El objetivo principal de la terapia con células madre es que al suministrarlas, estas células pueden transformarse en cualquier tejido del organismo, sustituyen al tejido dañado, lográndose así una mejora del paciente, mejorando su calidad de vida. Aquí presentamos algunos trabajos publicados en los que se plantea las capacidades de las células madre para ayudar a tratar esta condición.